El discurso

El discurso

La pregunta infinita

He llegado a un punto en el que nada de lo que hago me gusta. No avanzo. Dibujo en base a lo que mis ojos están acostumbrados a ver, sin saber lo que hago. Como alguien que en una reunión repite palabras que ha oído, pero realmente no las entiende y por miedo a preguntar, continúa flotando en el desconocimiento por años y décadas.

En cambio, veo constantemente ilustradores, con unos principios y un estilo propio. Autores con una voz suya. Personal. Respeto mucho a esos ilustradores, famosos o no. Me parece muy meritorio conseguir ese discurso único.

Lo cual me lleva a la primera pregunta de todas ¿Cómo se hace un discurso? ¿Se puede trabajar esa voz propia o la gente nace con ella?

Creo que pensar que la gente lleva esa voz innata es una falta de respeto grande al trabajo que hay detrás de cada ilustrador. Las horas, días, meses y años construyendo ese lenguaje, no deberían ser simplificadas con la idea de que esa persona ha nacido sabiendo.

Personalmente, siempre me ha molestado mucho que la gente me diga que dibujo bien desde pequeño. No es verdad. Lo que pasa es que dedico desde pequeño mucho tiempo a dibujar. Me he formado y paso horas mirando y mirando trabajos de otra gente. No creo que sea especial. De hecho considero que si las personas que me dicen eso hubieran dedicado el mismo tiempo que yo a dibujar, dibujarían mejor que yo.

Así, elaborar ese discurso se me antoja como un ejercicio imprescindible para romper este bloqueo. Buscaré unos principios, unas leyes que marquen mi espacio de desarrollo.

La siguiente duda es cómo se consigue ese discurso y la respuesta a la que me he agarrado es la de de empezar a preguntar por las cosas que no sé. Lo cual me lleva sin retorno a una duda sistemática. A una pregunta infinita. Radical.

Hay que desmontarse parte por parte. Destrozar todo lo que tienes para después poder empezar a dar pasos.

No es cómodo y lleva largas temporadas de bloqueo en el que parece que no avanzas. No es así. Sí avanzas.

El problema es que había llegado a un punto en el que no tener esas respuestas, hacía que pudiera ir a pocos sitios. Son unas puertas, que reducen tu espacio de trabajo. Cada puerta que abres amplía tu zona de desarrollo.

Hay que cuestionarlo TODO. No hay que dar nada por supuesto.

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